
Comprar un usado no tiene por qué ser un salto al vacío. Con una revisión ordenada podés detectar la mayoría de los problemas.
Empezá por la documentación: título, cédula, informe de dominio y multas. Después mirá carrocería, luces, cubiertas y fluidos.
Por último, manejalo. En frío y en caliente. Escuchá el motor, probá frenos y caja. Y si tenés dudas, consultanos.